Eran las 9:35 AM. y los rayos de luz ya daban directamente en su cara, lo que hacia que resultase incomodo continuar en la cama. Aún así la noche anterior había sido "muy dura". Por lo que decidió darse la vuelta a ver si de esta manera el sol era menos molesto y continuar de este modo el descanso que había iniciado pocas horas antes. La verdad es que era el primer domingo de agosto y no había nada que le motivase para desenredarse de su edredón y ponerse en pie. El mundial de Alemania había concluido hacia pocas fechas. Y su selección, como siempre, había ni siquiera llegado a cuartos. Tocaba pensar ya en la Eurocopa, aunque sin muchas esperanzas ciertamente.
Mientras daba vueltas en su cama ya despierto, rezaba porque pasasen estas dos semanas hasta el inicio liguero, los domingos no son lo mismo sin fútbol. Pese a que seguía quedando con al menos una vez en semana con sus compañeros de Grada, para tratar temas del Grupo; desplazamientos, tifos, nuevo material, relaciones con el Club, jugadores y policía... Pero eso no terminaba de saciar su sed de fútbol. Esta sed se hacia cada vez más insoportable deseaba cerrar los ojos y cuando los volviese abrir ya seria ese ansiado día en que comenzaba la Liga.
Mark era un joven de 22 años, rondaba los 175 cm. de altura, tenia un cuerpo atlético de sus años de extremo en el equipo de su barrio, tenia el pelo claro y unos ojos azulados por su descendencia noreuropea, su piel estaba tostada gracias a las largas tardes veraniegas. Su verdadero nombre es Marcos Bravo Álvarez, pero en su fondo pocos conocían su nombre completo. Allí era Mark. Se había ganado a todos, nada más aparecer por el Fondo Norte del Estadio, desde estima de “La Vieja Guardia” hasta el respeto de los más jóvenes. Su presencia no pasaba desapercibida en la Grada. El seguía siendo ese mismo chico que con 15 años ingreso en el Grupo, había madurado, pero seguía derrochando humildad y alegría allá por donde pasaba. Su aspecto no era el de un joven veinteañero, su barba del día anterior y su forma de vestir (Gorra Lonsdale, polo Fred-Perry, unos vaqueros ceñidos y unas Adidas blancas) hacían que aparentase mas edad de la que figuraba en su DNI.
Sin darse cuenta se había dormido de nuevo, los efectos del alcohol aun estaban latentes en su cuerpo, lo que hacia que su descanso no fuese tan placentero como hubiese deseado. De repente un ruido ensordecedor perforó su oído. Era su móvil, el cual reposaba en la almohada junto a su cabeza. Era su fiel amigo Pablo, con el que tantas aventuras había vivido desde la infancia:
-“¿Qué pasó tío? ¿Recuerdas como llegaste a casa? ¡Mi última imagen de la noche es en el Alaska! JaJaJa Espero que tu cabeza este mejor que la mía. ¡Saludos!”
Su cabeza estaba en un estado similar a la de su camarada, aunque el si recordaba como había llegado a casa, a pie, como tantas otras noches. Pablo había estado junto a él hasta el final de la noche, como Don Quijote y Sancho Panza. Hasta que sus caminos se separaban dirección a sus respectivas moradas.
